julio 24, 2005

La muerte de su madre

No sé porque cuando lo conocí no supe que era un verdadero idiota. Me falló la intuición nomás, todo por culpa del amor romántico que nos hacen creer desde chicas en la televisión las teleseries después de almuerzo.

Desde que lo vi fue como un cuento de hadas: la primera mirada de grata sorpresa, ninguno esperaba nada del otro, coincidencias absurdas en gustos de películas o alguna opinión sobre la vida – hasta con mi vecino concordamos en las mismas cosas -, una posición estable económicamente hablando, entre otras menudencias. A la semana ya estábamos juntos, al mes decíamos que éramos los mejores amigos, amantes y compañeros, y a los tres meses algo andaba mal. Mi fuero interno, mi sexto sentido, me decía que era un tarado, un muerto de susto que le gustaba aparentar seguridad, confianza, éxito, pero en el fondo era un pobre hombre lleno de problemas de existencia que arrastraba desde los tres años, o desde que tenía memoria. Como diría mi gran amiga sicóloga, todos tenemos problemas de existencia, y como yo siempre le respondo, que la gran diferencia es que la mayoría de nosotros llevamos una existencia sin que nuestras grandes dudas se asomen a cada instante.

Yo sabía, lo intuía, que el tontorrón me engañaba con otra. Que cuando no hablaba no era porque nos conectábamos en el silencio, sino porque no era capaz de expresar nada. Hasta cuando me dejó fue así de inconexo, me habló que su vida era un buque a punto de hundirse, que no era capaz de trabajar, estudiar y llevar una relación. Lo eché de mi casa, por cobarde. Después de unas semanas de absoluto silencio lo llamé para pedirle mis cosas, excusa femenina típica, y ni siquiera tuvo la agudeza de dejármelas con el conserje.

Lo volví a ver un año después, cuando lo primero que le dije al darle el pésame fue: me hubiera gustado encontrarme contigo en el supermercado, no en estas condiciones. Le dije que se quedara con mis tonteras, y que tuviera una buena vida.

5 comentarios:

gerardo dijo...

bacan tu blog claudiña. no has cambiado nada, siempre de tefren, acida y rabiosa a cagar...es tu naturaleza de claudia campos. bien no mas po. hartos saludos y esta wea no tiene nada que ver con tu ultimo posting, solo decir hola y mandarte buenas vibras de todo corazon. gery

gallardo dijo...

Amiga furiosa, que mas agregar, verdad?
Hay pastelitos en todas las latitudes, pero esa carambola que te armo el destino te va a mandar hacia un nuevo lugar, seguramente impensable. Ojalá que menos mula, y que te reporte alguna satisfacción, o mejor aun, muchas satisfacciones.
besos

gallardo dijo...
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Yo pienso y no aprendo dijo...

Al parecer uno siempre se enamora de la persona que menos le conviene...es como una especie de epidemia.

Jose Zuleta dijo...

Potente... fuerte tu texto... Capaz que la vida sea así mismo... Que gusto poder leerte.
Un abrazo,

José
(cómo lo vamos a hacer en internet, para mandarnos "pan con manjar" como en clases cuando chicos?)